Érase una vez... (V)

Queridos soñadores hoy os vengo a contar
una historia que ni de lejos está a punto de terminar
vimos lobos aullando
vimos flechas silbando
vimos trovadores tocando
incluso príncipes jugando.
Lo que ahora os vengo a enseñar
es la historia de una princesa incomprendida
que sin comerlo ni beberlo
inició un viaje de ida
¿A dónde irá? ¿Qué pasará?
Eso no puedo contarlo
Solo os animo a leerlo... si queréis averiguarlo.

¡Mas aguardad, jóvenes viajeros!
A FantasyMundo debéis llegar si no queréis deteneros.
Ellos son los que con mucho recelo, guardan los secretos que hoy no os concedo.
Pues son ellos los que os han de revelar con tesón,
quiénes nos han contado estos cuentos y porqué razón.
Para saberlo sin demora, el 17 de septiembre será la hora.





En los cuentos nunca hablan de las obligaciones porque las princesas no tienen tal cosa. Son jóvenes hermosas que tienen todo el derecho del mundo a ser libres y a enamorarse de un noble príncipe, caballero en su defecto, que les rescatará de algún temible mal del que ellas no podrán escapar. Su única preocupación es ser bonitas y disfrutar de la vida que tienen la suerte de vivir, al margen de discordias con brujas malvadas u otros asuntos menores que siempre acaban en final feliz, con ella reinando al lado de su amor verdadero y dando paz y prosperidad a su país durante muchos, muchos años.
Eirene siempre me dijo que la vida real, sin embargo, no era así. A menudo me reclamaba que viviese en mi propio mundo de fantasía, preocupándome solo de coser, sonreír y dar órdenes a mis subordinados, de ser la perfecta princesa a la que cualquiera adoraría: callada y dulce, bonita y sumisa. Mi prima me advertía de que en algún momento tendría que reaccionar, porque todo lo que hacía no me serviría nunca si hubiese algún problema, si algún día la vida que conocía se iba al traste o si en algún momento tenía que tomar verdaderas responsabilidades. Nunca me preocupé por ello: era la segunda en la línea de sucesión, al fin y al cabo, y mi hermano Ailbhe cargaría con todo el peso de la corona. Lo único que yo tenía que hacer era dar una imagen acorde con mi posición, y aquello era perfecto.
Solo comprendí que pertenecer a la realeza no significaba tener una vida de cuento cuando recibí la noticia.
Cuando mis padres nos citaron en la gran biblioteca a mi hermano y a mí, no pensé que se fuese a tratar de nada importante. Una recepción, quizá, o alguna festividad que se acercaba. Prácticamente estaba pensando en qué vestido podría utilizar para la ocasión, aunque no tardaría en descubrir que precisamente en ese asunto no tenía demasiadas opciones.
Cuando nuestros padres comenzaron a hablar de la guerra, supe que aquella conversación no me gustaría. Siempre habíamos estado apartados de ella o, por lo menos, a mí no me habían involucrado en esos asuntos. La política y el belicismo eran cosas de mi padre, que reinaba con mano de acero en Veridian, y de mi hermano, que algún día habría de hacer lo mismo. Me puse nerviosa. No sabía qué hacía yo allí.
—Veridian nunca ha querido formar parte de este conflicto, aunque no podemos obviar los desagravios que el país humano comete día a día contra los de nuestra raza. Nuestra fe y nuestra alianza está con Lothaire, pero esta guerra ya ha durado demasiados años y la confianza se vende cara en estos tiempos; la reina Mab necesita pruebas de que, en el momento de la verdad, estaremos de su parte.
No entendía ni la mitad de lo que mi padre, con su porte orgulloso y las manos sobre la mesa del escritorio, estaba diciendo. Miré a mi madre en busca de alguna pista. Ella estaba serena como siempre, fría como un témpano de hielo, elegante y hermosa. Me miró, pero no dijo nada.
—Es por eso que vamos a formalizar una alianza con el país de las hadas.
—Padre —objetó mi hermano, con el ceño fruncido. Ailbhe parecía tan perdido en esa conversación como yo, lo cual me aliviaba. Él, sin embargo, debía comprender algo más, pues estaba en completo desa-cuerdo—. Aliarnos abiertamente con Lothaire pondrá al país en el punto de mira de Anderia. Hemos hecho todo lo que hemos podido hasta el momento por ayudar a los feéricos en su lucha: les hemos cerrado el territorio a los humanos, hemos disminuido nuestros tratos con ellos. Anderia hace mucho ya que no prueba nuestras telas o nuestros alimentos; tanto, quizá, que yo ni siquiera recuerdo el último día en que exportamos nada a ese país. Nada nos une a Lothaire y sin embargo, dado que todos nacimos de la misma tierra, hemos puesto nuestra ayuda a su favor. No consigo entender por qué ahora deberían sospechar de nosotros.
—Mi joven príncipe —habló mi padre con condescendencia—. Davet de Anderia cada vez está más anciano, y su pequeña princesa, incapacitada para reinar. La derrota de los humanos parece cada día más evidente, por ello, Mab quiere que conformemos entre todos una nación unida. Que estemos juntos, para cuando eso ocurra, poder crear un Continente más fuerte de lo que la guerra le ha permitido ser en estos años.
—Hacerlo ahora, con la guerra sin finalizar, podría ser peligroso para la nación. Nos convertiremos en enemigos directos.
—¿Y no lo somos ya, de alguna manera? ¿No nos consideran así, cada vez que no dudan en atacar a cualquiera de los nuestros que traspasa la frontera? ¿No nos temen, no nos atacan? Sabes bien qué hacen con los nuestros, AIlbhe. Queman nuestros rostros, cortan nuestras orejas como si fuéramos burdas presas de caza. Los más afortunados terminan muertos.
Ailbhe calló ante la réplica, frunciendo sus labios finos y elegantes en una mueca entre la lástima y el desprecio. No sabía qué decir, aunque probablemente hubiera preferido mantenerse aparte. Nunca le ha gustado la guerra. No le gustaba pensar que Veridian podría estar dentro de ella. A mí tampoco. Ninguno de los dos deseábamos ejércitos que fuesen al frente a morir por una causa que, en parte, ni siquiera sería suya.
—Por esto, Fay, estás aquí.
Salí de mi ensimismamiento para mirar a mi madre, que me observaba con su templanza habitual. Me estremecí. No lo entendí, pero no sonaba bien. Ailbhe, sin embargo, sí parecía comprenderlo, como siempre más rápido que yo, porque entreabrió los labios y sus párpados se separaron un poco más.
—No podéis hacerle eso —susurró en voz baja—. Fay no está preparada para…
Le interrumpieron antes siquiera de que yo pudiese temerme nada.
—Eres nuestra alianza, mi niña —me explica mi padre.
Sentí el temblor mientras observaba a mis progenitores, que parecían medir mi reacción críticamente. Mis entrañas se revolvieron para unirse y subir un nudo hasta mi garganta. Estuve a punto de huir. Miré la puerta, inquieta, pensando que Eirene debía estar al otro lado o quizá cazando en las afueras de palacio. Incluso salir corriendo al bosque para ayudarla me pareció mejor idea que estar allí en aquel momento. No quería tener nada que ver con el país de las hadas. Contaban que la reina podría ser fácilmente una bruja, aunque fuese un hada. Contaban que sus ojos rojos tienen ese color porque todas sus víctimas la condenaron a lucir su sangre por mirada. Contaban que su hijo, el príncipe…
—Te casarás con el príncipe Seaben de Lothaire.
Y ahí, en aquella frase, se sentenció el final de mi vida perfecta. Supe que nada sería igual a partir de aquel momento, que no habría perdices que comer ni amor verdadero ni felicidad por el resto de mis días.

Partimos hacia Lothaire pocos días después. Los cuentos siempre acaban en boda. El mío empezaba con una.  

Comparte en Google Plus

Sobre - Bella -

En la red me conocen como La Soñadora y administro Soñadores de Libros desde 2009. Trabajo en marketing digital en la editorial SM y estudio idiomas. Creé Las Reglas del Lector y soy una de las organizadoras y creadoras de la Blogger Lit Con. Me encantan las distopías, los buenos debates, el chocolate y hacer nuevos amigos lectores.

4 nubes :

  1. Ay *-*
    He disfrutado muchísimo leyendo *-* ¡Quiero más!

    Un besito

    ResponderEliminar
  2. Genial la introducción felicidades ^^ y por supuesto genial la historia de Fay , lo llevo repitiendo mucho en todos los blogs. Pero es que de verdad le tengo muchas ganas!

    ResponderEliminar
  3. Que chuloooooooooooooooo :D
    Me ha encantado, espero que lo continúes *-*

    ResponderEliminar
  4. O-o Quiero más!!!!!! Me ha encantadoooooo! ^^
    Espero que sea introducción a más, que me he quedado con intriga >-<

    besitos<3

    ResponderEliminar